ES TIEMPO DE DOMUND

 

El Domund es una Jornada universal que se celebra cada año en todo el mundo, el penúltimo domingo de octubre, para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, desarrollada entre los más pobres.
El Domund es una llamada a la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización. Es el día en que la Iglesia lanza una especial invitación a amar y apoyar la causa misionera, ayudando a los misioneros.
Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada. Los territorios de misión.

La actividad pastoral de los territorios de misión depende de los donativos del Domund. Este día es una llamada a la colaboración económica de los fieles de todo el mundo.
Las necesidades en la misión son muchas. Mediante el Domund, la Iglesia trata de cubrir esas carencias y ayudar a los más desfavorecidos a través de los misioneros, con proyectos pastorales, sociales y educativos. Así, se construyen iglesias y capillas; se compran vehículos para la pastoral; se forman catequistas; se sostienen diócesis y comunidades religiosas; se mantienen hospitales, residencias de ancianos, orfanatos y comedores para personas necesitadas en todo el mundo.
En los territorios de misión la Iglesia sostiene casi 27.000 instituciones sociales, más de un 22% de las que atiende en el mundo, y un número superior a 119.000 instituciones educativas, lo que representa más del 47% del total de centros de este tipo de los que se encarga.
Todos estos proyectos son financiados con los donativos recogidos en el Domund. Las misiones siguen necesitando ayuda económica, y por eso es tan necesaria la colaboración de todos.

“Sé valiente, la misión te espera”

 Luz Casal.


Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Santiago de Compostela, D. Julián Barrio Barrio; Excmos. y Rvdmos. Sres. Obispos; Sr. Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, D. Anastasio Gil García; autoridades; misioneras y misioneros; señoras y señores; queridos todos: buenas tardes.
Agradezco de todo corazón que me hayan invitado a estar aquí, en esta Catedral que tanto significado tiene en mi vida, y que durante unos minutos capte su atención con estas palabras que a continuación les voy a leer.

Intro. Mujer y cantante, es mi voz la de una católica poco practicante, pero con unas raíces tan profundas, y una memoria tan ligada a la historia y a las celebraciones de la Iglesia católica, que muchas veces tengo la sensación de ser una buena cristiana.
Para hablar sobre las misiones y la celebración del Domund en este año 2017, he pensado hacerlo como si de una canción se tratara, haciendo este sencillo pregón que lleva el título “Sé valiente, la misión te espera”, y con una estructura que contiene esta pequeña introducción, seguida de una estrofa, después un estribillo, una segunda estrofa, estribillo, interludio o puente para llegar al final, con el último estribillo.

Primera estrofa. Aprendemos a convivir con la injusticia y la desigualdad, sin apenas advertirlas, como si nuestro cerebro estuviera envuelto en brumas, y nuestro corazón anestesiado por un consumismo que satisface los deseos inmediatos y efímeros y por el hedonismo, tan bien considerado, provocando con ello indiferencia y despotismo, que embrutecen y monopolizan nuestros sentimientos. Aun así, no conformes, vamos añadiendo pesados fardos de temores, egos y miedos, haciendo cada día la costra más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida de la pobreza que nos humilla.
Cada vez es más difícil dejar de ser pobre, y la situación se enquista por las carencias del sistema de protección y de las ayudas, por la precariedad laboral y el desigual reparto de la riqueza.
La vida es un combate constante entre dos fuerzas: por un lado, están aquellos que son capaces de comportarse ordinariamente de manera inhumana, y en el otro lado, en el otro bando, están los “soldados” o misioneros que, aun conociendo la derrota y el desengaño, saben sobreponerse y con sus actos reparar el daño causado por los primeros, a la vez que siembran nuevos caminos con semillas que germinarán en los corazones de los desfavorecidos, hasta llegar a la victoria.
Cuando el tiempo se contabilizaba para mí de otra manera, las imágenes de unos niños felices de piel oscura, que por primera vez vieron mis ojos en el salón de actos de mi colegio, fueron el primer contacto que tuve con el Domund. Después de ver ese documental, rodado en paisajes muy alejados y distintos, las Hermanas Doroteas nos explicaron el significado de muchas palabras, entre las que destacaban por su reiteración misericordia y caridad, virtudes y valores que deberíamos incorporar a nuestras incipientes vidas, según nos dijeron, a partir de ese momento. Esa lección puso las bases, y fomentó en aquel grupo de niñas, nuestra futura predisposición a echar una mano al necesitado.
Hoy día nos cuesta pronunciar palabras como caridad, siendo esta una virtud superior de la moral cristiana que ha perdido significado en estas tres o cuatro últimas décadas. —Las palabras también están a merced de la moda, se desgastan, pierden protagonismo e importancia—.
En algún momento de nuestra vida diaria tendremos que tender la mano al náufrago, como dijo e hizo hace pocos meses el presidente de la ONG “Sea Eye”, “Ojo de la mar”, quien defendió que “ayudar ante el peligro es el deber de cualquier persona que esté en el mar, sin distingos a su origen, color, religión o convicciones”; y para que ese “náufrago” pueda continuar su travesía, necesitamos dedicarle unos minutos como los que algunos dedicamos a nuestros abdominales y glúteos, u ofrecer un donativo que no supondrá un gasto mayor que un botecito de crema antiarrugas o una hidratante de manos.
Un esfuerzo mínimo, semejante al que hacen algunas adolescentes al lanzar sin ton ni son besos al aire.

Estribillo. La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Segunda estrofa: Los misioneros. Son esos seres elegidos para soportar las dificultades. Bravos y obedientes hijos dotados de paciencia y fortaleza. Benevolentes con las debilidades. Ejemplos de resistencia moral. Muestran diariamente cómo la compasión activa está en las entrañas de su misión y va más allá de la solidaridad.
Sin patrias ni banderas, abandonan el proyecto de vida propia, orientada hacia su propio interés, por una comunión fraterna. —La libertad no es mayor cuando se puede hacer lo que a uno se le antoja, sino cuando se elige lo bueno, lo bello y lo verdadero, aun cuando esa decisión comporte el sacrificio de uno mismo por un bien mayor—.
Héroes anónimos, que en sus viajes al infierno acaban por alcanzar el cielo al juntar con ternura sus manos a otras manos. Estos cerca de 13.000 misioneros españoles están dispuestos y se empeñan en cruzar medio planeta para poner en práctica y materializar su idealismo, saliendo de la comodidad de nuestro mundo cotidiano, para escuchar el latido del dolor de los perseguidos, de los pordioseros y marginados, llegando incluso a arriesgar la propia vida —que es una de las expresiones más bellas y desinteresadas— para ofrecerles un chispazo de esperanza y aportar dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido degradado, cuando no aniquilado.
En estos casi cien años de celebración del Domund, la labor hecha por los misioneros está rodeada de silencio, y aun así no falta la alegría en su misión, a pesar de que puedan tener el pecho descarnado por muchas ausencias, o porque hayan tenido fisuras en su integridad o propósitos a causa de sus dudas, que no son otra cosa que la consecuencia inherente a la honestidad. Si preguntáramos a cada uno de ellos por su labor, seguro que nos dirían que todo lo que hacen o han hecho merece la pena. ¡Merece la pena el alivio de un paño caliente ante el espanto, sacando a los desfavorecidos de las sombras de la guerra, el terror, el odio fratricida o el hambre que padecen más de 800 millones de personas!
Tenemos confianza en la ciencia, en la razón, en la cultura y en el poder que da el progreso desde el siglo XVIII, pero eso no debiera impedirnos creer en la misericordia que llega a través de la fe. Muchas veces las respuestas no están en la profundidad del saber, porque ni siquiera el avance de la ciencia detiene la miseria.
Somos una nación antigua, que ha vivido con la alegría de ser cristiana, una doctrina profunda del humanismo; una nación que abrió las puertas a la evangelización, y, a través de ella, nos hemos unido a gentes de otros pueblos, conociendo sus culturas y religiones, insertados en sus costumbres y tradiciones, aceptando de manera natural que las verdades absolutas generan dolor y que llevar la fe a otros destinos no debe tener como objetivo el dominio. Con la distancia que imponen los siglos, hemos ido dando la espalda al trabajo espiritual, que podría considerarse como un eco que se anticipara a la voz.
El novelista Javier Cercas, en su libro El monarca de las sombras, dice refiriéndose a su madre que “habita todavía en un mundo con Dios”; somos muchos los que vivimos con esa presencia que nos ampara ante la oscuridad y nos ofrece una iluminación que avanza.
Para que triunfe el mal, lo único necesario es que las personas buenas no hagan nada para evitarlo, y en la vida solo hay dos opciones ante los problemas: esperar a que otros los solucionen o poner de tu parte para solucionarlos; esta última opción es la que habéis elegido los misioneros, religiosos y seglares.
Laicos y cooperantes también ponen su esfuerzo personal, conocimiento profesional y aporte económico a través de distintas organizaciones, como por ejemplo “Acción contra el Hambre”, “Save the Children”, “África directo”, “Aldeas Infantiles”, etc.
Un grupo de personas, a través de nuestro Festival de La Luz que se celebra a pocos kilómetros de aquí, en el Concello de Boimorto, hemos podido conocer el trabajo de algunas de esas organizaciones, a las cuales ha ido a parar la recaudación total de las entradas de cada edición del Festival, como por ejemplo “Oxfam Intermón”, “Banco de Alimentos” o “Médicos sin Fronteras”. También hemos sido testigos hace pocos años de la labor ingente de la fundación Vicente Ferrer en la India, en una de las regiones más pobres del país, Anantapur, en el estado Andhra Pradesh.
Para cerrar esta estrofa dedicada a los misioneros, quiero destacar la labor evangélica y social de las Obras Misionales Pontificias.

Estribillo. La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Puente. La bondad, esa virtud que algunos tienen y que, según dicen los especialistas en neurociencia afectiva, se encuentra en la base de un cerebro sano, hace que los poseedores de esa gracia perciban las cosas de otra manera. Mientras muchos hacen ruido, unos pocos, con sus acciones calladas y generosas, dan ánimos a los que parece que hubieran cometido el pecado de existir, sea en Siria, Sudán del Sur, Yemen o en cualquiera de los más de 33 países con gravísimos conflictos.
Ser bueno es el más sutil de los egoísmos, porque serlo te recompensa con el placer de la felicidad y alivia tu ansiedad como individuo gracias a la buena conciencia que recibes cuando haces una buena acción. Por eso yo creo que la colaboración solidaria debería estar siempre de moda.

Estribillo. La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Permítanme añadir una pequeña coda:
Gracias a todos los misioneros presentes por enseñarnos con sus obras que el más insignificante acto de amor puede abrazar a la humanidad herida.


VOCACIONES NATIVAS 2017

Empujados por el Espíritu: "Aquí estoy, envíame"

HTTP://WWW.VOCACIONESNATIVAS.ES
 
 
El domingo 7 de Mayo, además de ser el primero del mes dedicado a la Virgen y el día de la Madre, también es la Jornada Mundial de Oración por las VOCACIONES NATIVAS, y no solo nativas, sino también de VIDA CONSAGRADA y SACERDOTAL. Se han unido las campañas que otros años de desplegaban a lo largo del mes de mayo para así sumar intenciones, aunar esfuerzos y avivar la llama vocacional en general, para que cada cristiano pueda verla, sentir su calor y discernir el detalle de la misma, su misión particular como laico o sacerdote, vocación consagrada contemplativa o activa, misionera o local. Es una jornada alegre, esperanzada y sembradora.
 
Que la fuerza y gracia del Espíritu Santo acompañe todos los actos y oraciones para que así den fruto abundante y duradero.
 
CEE, CONFER, y OMP  unidos nos anuncian:
 
COMPROMISO CON LAS VOCACIONES

El cuarto domingo de Pascua es el día dedicado a la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Desde hace 54 años, en este domingo “del Buen Pastor” la Iglesia pide con confianza filial al Dueño de la mies que envíe nuevos obreros para anunciar el Evangelio y ser instrumentos de salvación, y le da gracias por las vocaciones que suscita entre los jóvenes. En España, a esta convocatoria se suma la Jornada misionera de Vocaciones Nativas, de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que añade a aquella petición el compromiso por las vocaciones en los países de misión.

Para la preparación de esta gran Jornada vocacional, trabajan conjuntamente tres organismos eclesiales: la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, encargada de ayudar a las diócesis en la pastoral vocacional; el Área de Pastoral Juvenil Vocacional de CONFER, que colabora con las instituciones religiosas en su empeño por suscitar y acompañar las vocaciones a la vida consagrada; y las Obras Misionales Pontificias, que se ocupan de cooperar con las Iglesias locales de los territorios de misión en el sostenimiento de sus vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.

Al servicio de la Iglesia universal
 
Lo que da unidad y consistencia a la celebración conjunta de estas dos Jornadas es el carácter universal de cualquier vocación. Una llamada al servicio de la Iglesia no puede circunscribirse a unos límites geográficos e institucionales: cualquier vocación es, por esencia, una invitación a servir a la Iglesia donde ella necesita ser servida. Y es que, en el origen de una vocación, está la acción del Espíritu Santo; no se trata de una iniciativa particular. “Empujados por el Espíritu...”, comienza titulando Francisco su Mensaje para esta ocasión. Es el Espíritu de Dios quien llama y envía personas al servicio del Evangelio en el mundo. Que esta llamada no es un añadido a la fe y a la vida del cristiano, sino que está en su misma entraña, lo ratifica el hecho de que en todas partes están aflorando llamadas de muchos jóvenes a la vida consagrada y al sacerdocio.

Ahora bien: cada llamada vocacional que suscita el Espíritu solo puede ser identificada si hay una correspondencia en la disponibilidad de la persona para contestar: “¡Aquí estoy, envíame!”. Respuesta generosa y de entrega, que también ha de resonar en las instituciones eclesiales que asumen la responsabilidad de enviar estas vocaciones a otros lugares distintos de sus propias demarcaciones. La disposición generosa de los llamados no puede quedar truncada ni empequeñecida por el planteamiento egoísta de atender únicamente los propios ámbitos. Es tiempo para la audacia y el coraje que abren las puertas y empujan a quienes han dicho “sí” a que “vayan, sin miedo, para servir”, como alentaba el Papa en la JMJ de Río.

Ponerse en camino
 
El Espíritu, a través de Francisco, está invitando a quienes han recibido la vocación y a dichas instituciones eclesiales a ponerse en camino y salir al encuentro de los otros que están en las periferias geográficas y existenciales. Su llamada ha sido para ser enviados a anunciar que Jesús ha resucitado, más allá de las propias fronteras. Él, el Resucitado, camina a su lado y les da la fuerza y la alegría necesarias, dice con claridad el Santo Padre en su Mensaje. Cada vocación a la vida consagrada o al sacerdocio ha vivido la experiencia de un encuentro personal, que va calando en su corazón y que ha configurado su identidad. Es la vitalidad de la semilla que paulatinamente va desarrollándose en el interior de cada persona.

Vemos todo esto con claridad en la vocación de los misioneros, que no se guardan para sí ni para su entorno la Palabra y la salvación que han recibido. Gracias a su labor y generosidad, muchos seminarios y noviciados de los territorios de misión están hoy llenos de jóvenes que, una vez barruntado el amor, han abierto su alma a la llamada. Ayudar a estas vocaciones es una de las finalidades de la Jornada de Vocaciones Nativas.

El compromiso vocacional que anima esta doble Jornada es tarea común de toda la Iglesia: afecta a los pastores y responsables eclesiales; también, a las comunidades cristianas; pero, sobre todo, este compromiso vocacional está en cada cristiano. A cada uno de nosotros se nos pide oración, cercanía e incluso cooperación económica para ayudar en la formación de aquellos que son llamados al sacerdocio o a una especial consagración. El Pueblo de Dios ha de tener conciencia clara de que la Iglesia necesita de hombres y mujeres que entregan con radicalidad su vida al servicio de la misión. Y cuando una vocación aparece, la respuesta ha de ser de gratitud al Señor y compromiso para que aquella no se pierda por falta de recursos humanos, espirituales o materiales.

Anastasio Gil (OMP)
Maricarmen Álvarez (CONFER)
Sergio Requena (CEE)
 


Lema DOMUND 2016

"Sal de tu tierra" lema del Domund 2016

“Sal... Es la invitación que nos hace el papa Francisco a salir de nosotros mismos, de nuestras fronteras y de la propia comodidad, para, como discípulos misioneros, poner al servicio de los demás los propios talentos y nuestra creatividad, sabiduría y experiencia. Es una salida que implica un envío y un destino.

... de tu tierra” La expresión resulta evocadora del origen del que parte el misionero que es enviado a la misión, y también del destino al que llega. La misión ad gentes es universal y no tiene fronteras. Solo quedan excluidos aquellos ámbitos que rechazan al misionero. Aun así, también en ellos se hace presente con su espíritu y su fuerza.

Cartel Domund 2016

El conjunto. Sobre un fondo blanco, el cartel muestra un primer y único mensaje: “DOMUND”, el día en que tiene lugar la Jornada Mundial de las Misiones. El resto de las informaciones son complementarias, para contextualizar la celebración tanto en el tiempo, como en el espacio virtual.

Las huellas. Son expresión del lema “Sal de tu tierra”. Los tonos empleados para las huellas del caminante y para el fondo son familiares a quienes desde hace muchos años han identificado los cinco continentes con colores distintos. El mandato de Yaveh Dios a Abrahán, para que saliera de su tierra y fuera a la tierra prometida, está permanentemente actualizado por los discípulos misioneros, que han hecho propia la repetida expresión del papa Francisco: “una Iglesia en salida”.

Las cruces. Es un detalle que podría pasar inadvertido, pero que permite distinguir esas pisadas de las de otras personas que salen de su tierra por otros motivos diversos. Las cruces que discretamente aparecen en la marca de esas huellas recuerdan la cruz que cada misionero o misionera recibe el día de su envío por parte de la Iglesia; cruz que es el distintivo de su misión de amor y misericordia, continuadora de la de Cristo.

Toda la información sobre la jornada del domund está disponible en http://www.domund.org

Lema DOMUND 2016

"Sal de tu tierra" lema del Domund 2016

“Sal... Es la invitación que nos hace el papa Francisco a salir de nosotros mismos, de nuestras fronteras y de la propia comodidad, para, como discípulos misioneros, poner al servicio de los demás los propios talentos y nuestra creatividad, sabiduría y experiencia. Es una salida que implica un envío y un destino.

... de tu tierra” La expresión resulta evocadora del origen del que parte el misionero que es enviado a la misión, y también del destino al que llega. La misión ad gentes es universal y no tiene fronteras. Solo quedan excluidos aquellos ámbitos que rechazan al misionero. Aun así, también en ellos se hace presente con su espíritu y su fuerza.

Cartel Domund 2016

El conjunto. Sobre un fondo blanco, el cartel muestra un primer y único mensaje: “DOMUND”, el día en que tiene lugar la Jornada Mundial de las Misiones. El resto de las informaciones son complementarias, para contextualizar la celebración tanto en el tiempo, como en el espacio virtual.

Las huellas. Son expresión del lema “Sal de tu tierra”. Los tonos empleados para las huellas del caminante y para el fondo son familiares a quienes desde hace muchos años han identificado los cinco continentes con colores distintos. El mandato de Yaveh Dios a Abrahán, para que saliera de su tierra y fuera a la tierra prometida, está permanentemente actualizado por los discípulos misioneros, que han hecho propia la repetida expresión del papa Francisco: “una Iglesia en salida”.

Las cruces. Es un detalle que podría pasar inadvertido, pero que permite distinguir esas pisadas de las de otras personas que salen de su tierra por otros motivos diversos. Las cruces que discretamente aparecen en la marca de esas huellas recuerdan la cruz que cada misionero o misionera recibe el día de su envío por parte de la Iglesia; cruz que es el distintivo de su misión de amor y misericordia, continuadora de la de Cristo.

Toda la información sobre la jornada del domund está disponible en http://www.domund.org

MAPA MISIONEROS ESPAÑOLES

Orar y rezar por el Domund y los misioneros

Hna. Mariluz: ¿Cómo podemos colaborar con tu misión desde aquí?¿y los jóvenes, que pueden hacer?¿y los no tan jóvenes?

La respuesta la tenemos, “poner nuestro grano de arena”.

Aquí, a lo mejor cambiando nuestras claves de vida: VIVIR no para mí mismo, para acumular ...sino para dar, para servir…donde estoy concretamente; mi familia, mi trabajo, el entorno…tomando conciencia que vivimos en un solo mundo y un mundo común para todos… esto es tarea de jóvenes y no tan jóvenes…para TODOS.

Y en concreto… mi misión ahora fundamentalmente es en la lucha contra la enfermedad de Ulcera de Buruli (una enfermedad tropical y desatendida); la atención a enfermos de VIH/SIDA, y también colaborar en la pastoral de mi parroquia y diócesis …que poder hacer?? Alguna pista:

Lo primero es ORAR unos por otros …si es siempre lo primero… no el “hacer”; conocer un poco más esta realidad; poder hacer una experiencia misionera… el “ver”, conocer un poco esta realidad u otra semejante; el comprometerse en algún grupo de solidaridad concreto (ONG, inmigrantes, deficientes, enfermos, mayores…) 

Hna. Carmelita Misionera Mariluz Saldaña.

Comunicado de Anastasio Gil García, director de Obras Misionales Pontificias España, con motivo del asesinato de la misionera Isabel Solá en Haití


(Madrid, 03/09/2016)
 
Obras Misionales Pontificias (OMP) España, en nombre de los 13.000 misioneros españoles repartidos por el mundo, se une al dolor y a la oración de la familia de Isabel Solá y de la congregación Jesús y María, por el terrible asesinato de esta misionera que estaba dando su vida con los más pobres, y que finalmente ha culminado con el derramamiento de su sangre. 

Con ella, cerca de 20 misioneros españoles están en Haití haciendo presente el rostro cercano y misericordioso de Dios. Sirva como muestra de esta fidelidad el testimonio que recibimos de Isabel Solá después de sobrevivir al terremoto que asoló el país.
 

Pedimos a Dios nuestro padre el don de la conversión de los asesinos y del perdón para todos nosotros.

Anastasio Gil, director nacional de OMP España

 
A continuación, compartimos el testimonio que Isabel Solá nos envió en 2011, después de sobrevivir al terremoto que asoló a Haití:

 

22 de Julio de 2011

Cuando volé hacia Haití hace tres años, recuerdo el desgarro que sentí por lo que deje en África,  el vértigo del salto que me tocaba dar hacia lo desconocido  y a la vez  recuerdo también  la libertad que me daba la decisión de dejarlo todo una vez más  por ayudar a construir ese Reino que siempre creí que Dios tiene pensado para nosotros.

Lo que no me podía ni imaginar cuando volaba hacia Haití era todo lo que me esperaba  en este pequeño y sufrido país. Y esas son las sorpresas y lecciones que Dios nos tiene preparadas.

Para empezar no me podía imaginar lo que era realmente la miseria de Puerto Príncipe,  pero tampoco lo impotente que me iba a sentir en medio de ella. De tal modo, que al final, para poder vivir allí, tuve que comprender y aceptar que no estaba allí para salvar a nadie o para cambiar nada. Y ni por asomo me podía imaginar  que un terremoto me iba hacer bajar la cabeza literal y espiritualmente hasta hacerme comprender profundamente que el único que salva es Jesús. No me podía imaginar que me iba a tocar sobrevivir una de las mayores catástrofes de la historia  y que esto cambiaría radicalmente mi concepción de la vida, del sufrimiento, de la muerte y de la fe.

Después de vivir algo así,  he experimentando cada día como un regalo de Dios y que no merecemos nada, todo es don, tanto lo que consideramos bueno como lo malo: que el sufrimiento no es algo malo que nos ocurre sino una lección que no hay que saltarse porque nos hace más humanos y menos ambiciosos.  Tras el terremoto, la tentación del desaliento y  de la queja a Dios era  enorme. Estuve muy triste, desanimada, chocada y rebelde. Me reprochaba a mi misma haber salido con vida y como muchos, me preguntaba por qué Dios permitía algo así en un pueblo tan castigado a lo largo de  la historia. Pero el pueblo haitiano nunca tuvo esa reacción: Rezar, aceptar, cantar y pedir fortaleza. Esa ha sido su reacción. En lugar de quejarse y rebelarse, han pedido coraje y fuerza para llevar el sufrimiento. Tanto sufrimiento ha hecho de ellos un pueblo tremendamente humano, humilde y valiente. Entre los escombros volvían a plantar sus sombrillas para seguir vendiendo y ganarse la vida. La vida continúa y Dios está con nosotros. Esa era su única certeza. Mientras yo me lamentaba, ellos seguían caminando.  Los escuche cantar con lagrimas "Gracias, Señor!" y eso desmonto todos mis esquemas, aun sin acabarlo de entender. No sé por que, pero aunque mi cabeza no lo entiende, mi corazón, si. 

Mi vida religiosa la siento, ahora más que nunca, como un regalo que no merezco, así como la vida que Dios me ha querido guardar, entiendo que mi misión en esta vida no es hacer y hacer, sino de ser y ser.porque por muchos proyectos, trabajos, planes  que esté llevando adelante, al final lo más importante es lo que somos y no lo que hacemos. No creo que Dios me haya mantenido con vida solo para hacer algo. porque yo no puedo salvar nada ni a nadie pero puedo ser una hermana para mis hermanos. Y es lo único que ahora me importa.

Tengo la curiosa experiencia de que me falta todo y me sobra todo.  Si entendéis eso, quizás es porque también, alguna vez, os paso un terremoto por encima que os aplastó, os derrumbó, os machacó, os hirió, os amputó . pero no acabó con lo más importante, que es  las ganas de vivir, de creer y quizás de servir.  No deseo el sufrimiento a nadie, por supuesto, pero como este es inevitable, lo que  quisiera es que aprendiéramos las lecciones que este nos da de humanidad, humildad y simplicidad que es lo que verdaderamente  necesitamos para ser felices.

Pensareis que como puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria,  entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera...  Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar  y curar mi corazón. Haití es mi casa, mi familia,  mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios.

Y si no. venid y lo veréis.

Aprovecho también para agradecer de corazón lo que desde España habéis hecho y recogido para ayudar a Haití, soy testigo de vuestra inmensa solidaridad y apoyo en los momentos más duros que hemos vivido. De corazón, y en nombre de todos los haitianos, gracias.

 
Isa Sola  RJM

Religiosa de Jesús - María

Puerto Príncipe

HAITI

Reelección de D. Anastasio Gil como Director Nacional de OMP.


Anastasio Gil expresa su deseo tras conocerse su reelección como Director Nacional de OMP:

"Dinamizar la cooperación misionera ante los nuevos desafíos de la humanidad"

Tras hacerse público este mediodía su reelección como Director Nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP), Anastasio Gil ha expresado su gratitud a Dios y a la Iglesia, y ha manifestado su compromiso al frente de OMP para el próximo quinquenio. "Me apoyo en la oración de todos para ser instrumento fiel al servicio de la actividad misionera de la Iglesia" 

26/01/2016

Anastasio Gil manifestó su intención como Director Nacional de OMP para el nuevo quinquenio, en el que "tratará de dinamizar la cooperación misionera ante los nuevos retos y desafíos que la humanidad está demandando".

"Las OMP tienen la misión irrenunciable de fortalecer la convicción de que cada bautizado está llamado al primer anuncio del Evangelio, a ser misionero. Esta dimensión esencial de vida cristiana no tiene fronteras ni límites geográficos ni está reservado a unos pocos. El mandato de Jesús es para todos y hasta los confines de la tierra", subrayó.

Su agradecimiento por la confianza que la Iglesia le reitera con este nombramiento se ha dirigido en primer lugar "a Dios, porque me está permitiendo entregar mi ministerio sacerdotal al servicio de la actividad misionera de la iglesia, en colaboración con cada uno de los misioneros y misioneras de España. Gratitud que hago extensiva al cardenal Filoni por la confianza en mi persona al renovar el nombramiento como Director nacional de las Obras Misionales Pontificias para el próximo quinquenio (2016-2020), y a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, que tuvo la deferencia de integrarme en la terna que presentó a la Congregación para la reelección".

El flamante director reelecto ha afirmado que "desde al año 2001 la sede de las Obras Misionales Pontificias es mi casa", y ha subrayado que "desde allí, en con la colaboración de los trabajadores que integran la Dirección Nacional, tratamos de alentar el compromiso misionero de las diócesis, a canalizar la generosa cooperación con la actividad misionera de la Iglesia en todo el mundo. A todos ellos les debo mi gratitud y reconocimiento".